José Miguel Flores es un nombre profundamente ligado a la historia de la radiotelevisión en España, recordado especialmente como un rostro entrañable y muy versátil de la Televisión Española (TVE) de los años 70 y principios de los 80.
Nacido en Vélez-Blanco (Almería), su trayectoria refleja a la perfección la escuela de comunicadores de la época: profesionales formados en la calidez y la inmediatez de la radio local —en su caso, dando sus primeros pasos en Radio Juventud en su tierra natal— que luego dieron el salto a la pequeña pantalla nacional.
Su paso por RTVE destaca por dos grandes facetas:
1. El gran dinamizador de la televisión infantil y juvenil
Ingresó en TVE a finales de los años 60 y, durante la década de los 70, se convirtió en uno de los presentadores más queridos por el público más joven de la casa. Supo conectar con la audiencia a través de formatos frescos, dinámicos y de entretenimiento puro:
-
Y ahora (1972): Un formato informativo adaptado para el público infantil.
-
El juego de la foca (1973-1974) y Operación Torpedo (1974): Dos célebres concursos que contaron con los ingeniosos guiones de Guillermo Summers.
-
Fiesta (1974-1975): El contenedor infantil por excelencia de las tardes de los sábados, donde compartía plató con rostros míticos como Daniel Vindel o María Luisa Seco.
-
Tiempo libre (1976-1977): Un magacín que buscaba ofrecer alternativas culturales y de ocio.
2. El rigor de los Informativos
Demostrando su versatilidad como comunicador, José Miguel Flores no se quedó encasillado en el entretenimiento. Su sobriedad y excelente uso de la palabra le abrieron las puertas de los servicios informativos de la cadena pública en una época de gran trascendencia histórica:
-
Fue presentador del Telediario en 1978, en pleno proceso de la Transición española.
-
Condujo el espacio informativo Esta semana en 1983, año en el que decidió retirarse de la primera línea de la televisión de ámbito nacional.
José Miguel Flores representa esa estirpe de locutores y presentadores que entendían el medio de comunicación desde el respeto absoluto al espectador y el valor de la palabra bien dicha, dejando una huella imborrable en la memoria colectiva de la generación que creció pegada al televisor en blanco y negro y la llegada del color.