La vinculación de Miguel de Cervantes con el Valle del Almanzora es una de esas joyas de la microhistoria almeriense que mezcla la documentación oficial con el orgullo y la tradición local. El lugar exacto al que se refiere la historia no es la «roya» como concepto, sino el bellísimo municipio de Laroya, en Almería.
La relación del autor del Quijote con este rincón de la Sierra de los Filabres se fundamenta en hechos históricos bien documentados:
El Cervantes Recaudador
En las postrimerías del siglo XVI, concretamente en septiembre de 1594, Miguel de Cervantes ejercía como Comisario General de Abastos y recaudador de tasas atrasadas para la Corona (destinadas a financiar las campañas navales).
Un documento custodiado en el Archivo General de Simancas (en la Sección de Contaduría Mayor de Hacienda), fechado el 9 de septiembre de ese año, nombra explícitamente a Cervantes en relación con el cobro de atrasos en cuatro localidades de la comarca del Almanzora: Laroya, Macael, Fines y Somontín. La intrahistoria local cuenta que el escritor llegó a pernoctar varios días en Laroya para cumplir con su cometido administrativo.
El Legado en Laroya Hoy
El municipio ha sabido abrazar este hito histórico, convirtiéndolo en un motor de su memoria cultural y turística:
- La Ruta Cervantina: Laroya cuenta con un itinerario cultural urbano jalonado por 11 placas informativas que recorren los rincones más pintorescos y tradicionales de la villa, rememorando aquel paso del ilustre recaudador por sus calles.
- Las Jornadas Culturales: Anualmente se celebra el evento turístico «Descubre Laroya: de Cervantes a los Fuegos» (cuya tercera edición ha tenido lugar recientemente, en abril de 2026). Durante esta jornada, el pueblo regresa al Siglo de Oro mediante recreaciones históricas, mercado de artesanía y visitas teatralizadas donde actores dan vida al propio Cervantes reviviendo los mitos, costumbres y las famosas leyendas de la localidad (como sus conocidos e históricos «fuegos»).
Es un magnífico ejemplo de cómo un simple legajo de hacienda del siglo XVI puede convertirse, siglos después, en parte viva de la identidad de un pueblo del Almanzora.